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TÍTULOS Los Conjurados


La Fundación Común Presencia, entidad sin ánimo de lucro y dedicada desde 1989 a la difusión, apoyo y celebración de los valores universales de la cultura, adelanta diversos proyectos como la publicación de la revista literaria Común Presencia de periodicidad semestral, así como la colección internacional Los Conjurados (de la cual ya han aparecido 55 títulos distribuidos actualmente en cinco países), fiel a su propósito de irradiar las voces de grandes creadores que en diversos idiomas han hecho posible la exaltación de la esencia del hombre.

Fundación Común Presencia
Cra. 11 No. 61 – 35 (401)
Tels: 571- 2495782
Bogotá, Colombia 
e-mail: comunpresencia@yahoo.com

DIRECTORES
Gonzalo Márquez Cristo http://gonzalomarquezcristo.blogspot.com/
Amparo Osorio http://amparoiosorio.blogspot.com/



T E S T I M O N I O

1.Discursos Premios Nobel 1: Perse, Saramago, Faulkner, Camus, Paz, Hemingway, Neruda, Walcott, Grass, Quasimodo, García Márquez

2.Discursos Premios Nobel 2: Milosz, Cela, Kawabata, Morrison, Elytis, Heaney, Mahfouz, Naipaul, Böll, Szymborska, Brodsky

3.Discursos Premios Nobel 3: Montale, Eliot, Gordimer, Russell, Mistral, Seferis, Kertész, Seifert, Soyinka, Golding, Steinbeck

4. Con-Fabulación 100: Entrevistas, columnas y caricaturas del periódico virtual

5. Grandes entrevistas de Común Presencia: Gonzalo Márquez Cristo y Amparo Osorio.  Conversaciones con: Cioran, Paz, Juarroz, Baudrillard, Elizondo, García Ponce, Rosa, Montejo, Goytisolo, Orozco, Borges, Durrell, Munier, Fuentes, De Brito, Vargas Llosa, Noël, Del Paso, Silva Estrada, Mutis, Volpi, Enzensberger, Sabato, Gamoneda y Saramago


P O E S Í A

1. Poesía vertical: Roberto Juarroz


3. La palabra liberada: Gonzalo Márquez

4. Revelación y caída: Georg Trakl

5. Antología esencial: Amparo Osorio

6. De la incesante partida: Mauricio Contreras Hernández

7. Poemas escogidos: Giuseppe Ungaretti

8. La otra vida: Rodolfo Alonso

9. Por decir así: Alfredo Chacón

10. Silencio de la huella: Germán Villamizar

11. Una temporada en el infierno, Iluminaciones, Carta del Vidente: Arthur Rimbaud

12. Inconsistencia de la mirada: Enrique Rodríguez Pérez

13. Poemas perversos: Antología internacional

14. Ciega luz: Hernando Guerra

15. Inti Manic: Juan Sebastián Gaviria

16. Antología poética: António Ramos Rosa

17. Saldo a favor: Eduardo Cruz Vázquez

18. Vigilias: Javier González Luna

19. La coma de la luna: Antología poesía mexicana

20. Oscuro nacimiento: Gonzalo Márquez Cristo

21. Cementerio: Mario Eraso Belalcázar

22. Sólo queda gritar: Felipe Martínez Pinzón

23. Ensayo sobre las cosas simples: Mairym Cruz-Bernall

24. Ulises y su perro (Antología): Claude Michel Cluny

25. Las excusas del desterrado: Robert Max Steenkist

26. El derviche y otros poemas: Jorge cadavid

27. Cuadernario: Luis Alejandro Contreras

28. Allí donde brota la luz: Jorge Nájar

29. Las sombras del asedio: Argemiro Menco Mendoza

30. El amor, la muerte y otros vicios: Casimiro de Brito

31. Sombra embestida: Hernando Guerra

32. Estación del instante: Miguel Torres Pereira

33. Palabras sin escolta: Elsa Tió

34. He venido a ver las nubes: Gustavo Tatis Guerra

35. Eternidad visible: María Clara González

36. Emprender la noche: José Zuleta Ortiz

37. La tentación inconclusa: Hellman Pardo

38. Casa Tiempo II: Yuichi Mashimo

39. Navíos de Caronte: Carlos Fajardo Fajardo

40. Poetas Bogotanos: Antología - 24 autores

41. Bodegones: René Arrieta

42. Objetos que nos miran: Olga Malver

43. Cicatriz Souvenir: Juan Sebastián Gaviria

44. Los materiales humanos: Leonardo Padrón

45. Yuluka - Poetas de Valledupar: Ortiz, Pinto, Palencia, Oñate, Jiménez

46. Canto árbol: Luis Felipe González

47. Memoria de aprendiz: Yirama Castaño Güiza

48. En la posada de J. Babel: Luis Eduardo Gutiérrez

49. Sigo llamando a esta luz: Marysol Carrero Necker

50. El trasfondo de la sombra: Jairo Alberto López

51. Días: Carlos Vásquez

52. Los ojos deseados: Jorge Cadavid

53. Poesía colombiana. Antología 1931 - 2011 Selección y prólogo: Fabio Jurado Valencia

54. Detrás de la bruma: Camila Charry Noriega

55. Uno lleva su cuerpo: Gustavo Quesada Vanegas 

56. Extranjero: Adalber Salas Hernández

57. Los bosques secretos: Hernando Reinoso

58. Malabar en el abismo: Yirama Castaño Güiza



C U E N T O

1. Cuentos perversos: Antología: Apollinaire, Mishima, Sade, Petronio, Gide...

2. Trilogio: José Chalarca

3. Los matices de Eva: Maribel García Morales

4. Oficios de Noé: Guillermo Bustamante

5. El público en escena: Enrique Ferrer Corredor

6. Del amor inconcluso: Fabio Martínez

7. Habana roja: Sara Fernández Rey

8. Cuentistas Bogotanos: Antología - 14 autores

9. El dios ebrio: Hermínsul Jiménez Mahecha

10. Pisadas en la niebla: Antología de cuentistas boyacenses

11. Maniguaje: Cuentos desde el Caquetá

12. Primeras tentaciones: Heider Rojas

13. El sueño de Alicia: Alejandro Ovalles Bonilla

14. Textos cáusticos: Hernando Urrutia Vásquez

15. Árbol del paraíso, Narradores colombianos contemporáneos: Selección y prólogo Iván Beltrán Castillo


E N S A Y O

1. Pedro Páramo: murmullos... Fabio Jurado Valencia

2. No vi otro refugio: Mauricio Botero Montoya



N O V E L A

1. El esposado: Álvaro Pineda Botero

2. Ritual de títeres: Gonzalo Márquez Cristo

3. El tumbao de Beethoven: Fabio Martínez

Colección TESTIMONIO



Discursos Premios Nobel Tomo 1

PAZ, SARAMAGO, NERUDA, CAMUS, PERSE, FAULKNER, GRASS, HEMINGWAY, WALCOTT, GARCÍA MÁRQUEZ, QUASIMODO

ISBN 958-95209-8-7
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com

La presente antología, la única autorizada por la Fundación Nobel en español, es el tributo de la Fundación Común Presencia (2003) al pensamiento de once grandes creadores contemporáneos.
La versión íntegra de sus discursos leídos ante la Academia Sueca, ha sido compilada y bellamente traducida de sus idiomas originales, con el criterio de mostrar sus reveladoras y vigentes reflexiones sobre nuestro trágico acontecer.
Es enriquecedor entregar por primera vez en español este importante y poético testimonio humanístico, que amplía la percepción sobre el acto creativo, y nos compromete a “inventar en el planeta una paz que no sea la de la servidumbre” (Albert Camus), “para que al fin las puertas de la percepción se entreabran y aparezca el otro tiempo, el verdadero, el que buscábamos sin saberlo: el presente, la presencia” (Octavio Paz).



Discursos Premios Nobel Tomo 2
Fundación Común Presencia

MILOSZ, ELYTIS, KAWABATA, MORRISON, CELA, HEANEY, MAHFOUZ, NAIPAUL, BÖLL, SZYMBORSKA, BRODSKY

ISBN 958-97198-2-1
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com

Este segundo tomo de los discursos de los Premios Nobel de literatura (Fundación Común Presencia, 2003), autorizado por la Academia Sueca, profundiza el territorio de lo sensible y propone significativas reflexiones sobre nuestro devenir.
Las lúcidas palabras leídas por los deslumbrantes autores que han obtenido la más alta distinción de la literatura, son un verdadero legado poético de nuestro tiempo y una aguda indagación sobre la experiencia creativa.
Los once autores aquí seleccionados, provenientes de distintas latitudes, culturas e idiomas, se suman a los publicados anteriormente (en el Tomo I de nuestra Colección Los Conjurados) que ya pertenecen al universo de lo imprescindible.
La resistencia de la memoria propuesta por Czeslaw Milosz, la conciencia solar soñada por Odiseas Elytis, el signo fraterno que debe originar nuestro porvenir buscado por Seamus Heaney, la conspiración contra el silencio promulgada por Joseph Brodsky, y el arduo combate para que el lenguaje se libere de sus cárceles emprendido por Toni Morrison, son algunos de los rumbos transitados en estas páginas, en búsqueda de una necesaria oportunidad para lo humano. Las palabras deben ser despertadas por el lector si queremos que la imaginación se oponga a los apocalipsis. Es tiempo de asumir este riesgo esencial.


Discursos Premios Nobel Tomo 3
Fundación Común Presencia

MONTALE, SOYINKA, ELIOT, RUSSELL, MISTRAL, SEFERIS, STEINBECK, GORDIMER, SEIFERT, GOLDING

ISBN 958-97417-0-3
Colección Los Conjurados
comunpresencia@yahoo.com


La Colección Los Conjurados con este tercer volumen (Fundación Común Presencia, 2004) de los discursos pronunciados urbi et orbi desde Estocolmo, por los galardonados con los Premios Nobel de Literatura, continúa desentrañando los sueños, consagraciones y derrotas de quienes con la elemental y milenaria herramienta de la palabra, han intentado comprender un tiempo, que fue llamado por Albert Camus el siglo del miedo, y que ahora se vislumbra como el del terror. La rebeldía del sueño propuesta por Montale, la factura moral que Soyinka cobró a Occidente, la génesis de lo humano imaginada por Steinbeck, el optimismo cósmico de Golding, y la hiperconciencia del hombre que murió una vez para seguir viviendo (Kertész), nos confieren según las palabras de Nadine Gordimer, a pesar de Auschwitz y de tanta desgarradura, el derecho poético para seguir hablando de árboles. La Fundación Común Presencia entrega aquí, aprobada por la Academia Sueca, esta nueva lección de luz.

Derechos reservados
Copyright © The Nobel Foundation



DISCURSOS PREMIOS NOBEL

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Discursos Premios Nobel - Tomo 1


Discursos Premios Nobel 1
ISBN 958-95209-8-7
Colección Los Conjurados
E-mail: comunpresencia@yahoo.com


A pesar del testimonio de mis sentidos, el tiempo de allá, el de los otros, era el verdadero; el tiempo del presente real. Acepté lo inaceptable: fui adulto. Así comenzó mi expulsión del presente.
Octavio Paz

...Gente que tenía pena de irse de la vida sólo porque el mundo era bello, gente como mi abuelo Jerónimo, pastor y contador de historias, que al presentir que la muerte venía a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y llorando porque sabía que no los volvería a ver.
José Saramago

Digo que los enemigos de la poesía no están entre quienes la profesan o resguardan, sino en la falta de concordancia del poeta. De ahí que ningún poeta tenga más enemigo esencial que su propia incapacidad para entenderse con los más ignorados y explotados de sus contemporáneos; y esto rige para todas las épocas y para todas las tierras.
Pablo Neruda

Sin duda cada generación se cree predestinada para rehacer el mundo. La mía sabe sin embargo que no podrá lograrlo. Pero su tarea es más compleja: consiste en impedir que el mundo se deshaga.
Albert Camus

El verdadero drama del siglo procede de la distancia que dejamos crecer entre el hombre temporal y el hombre intemporal. El hombre iluminado en una vertiente ¿irá acaso a oscurecerse en la otra?
Saint-John Perse

La voz del poeta necesita no simplemente ser el recuerdo del hombre, debe ser uno de los pilares esenciales que lo ayuden a resistir, a prevalecer...
William Faulkner

Supe cuando todavía era un escritor relativamente joven, que los libros causan escándalo y pueden provocar cólera y odio. Lo que, por amor, no le había ahorrado a mi país, fue leído como si ensuciara mi propio nido. Desde entonces se me considera controversial y me siento en muy buena compañía en lo que se refiere a escritores malditos enviados a Siberia o a algún otro exilio. No es algo de lo que debamos quejarnos.
Günter Grass

Ningún escritor que conozca a los grandes autores que no han recibido este homenaje, puede aceptarlo con otra cosa que humildad.
Ernest Hemingway

La Historia es una olvidada noche de insomnio. La Historia y el temor primigenio son siempre nuestro origen, porque el destino de la poesía es enamorarse del mundo, a pesar de la Historia.
Derek Walcott

Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.
Gabriel García Márquez

¡Qué época para estar escribiendo poesía! Escribimos versos que nos condenaron, sin esperanza de perdón, a la más amarga soledad. Eran tales versos categorías del alma –¿grandes verdades?–. Como la poesía tradicional europea aún no era circunscrita, nunca notó nuestra presencia: la provincia Latina, bajo el escudo de sus Césares, instituyó derrame de sangre, y no lecciones de humanismo.
Salvatore Quasimodo






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Prólogo - Discursos Nobel 1

Los dueños de la luz
Por Iván Beltrán Castillo

Aunar prodigios, coleccionar milagros, conjuntar excepciones, alistar a los inconformes, invocar a quienes iluminaron sus días reinventando al hombre; porque quienes se acompañen de Saint-John Perse y Salvatore Quasimodo, de Pablo Neruda y Octavio Paz, de Günter Grass y William Faulkner, de García Márquez y José Saramago, ya no sentirán nunca el silencio de los dioses.
He aquí una prueba esplendorosa de que la vida es mucho más que un inútil tránsito entre dos oscuridades. Lo que abrimos ahora no es un libro sino once tentativas para fracturar la ausencia, terminar la espera, disolver los abrazos que se vuelven presidio; para domesticar los tiempos que primero nos esculpen y luego nos destruyen: furor y savia de la poesía.
En este tiempo donde todo son restas y ultrajes, donde parece lícito agrupar a los emisarios de la ruina en insensatos ejércitos, ideologías feroces, mentiras letales o dogmas petrificados, respondemos con esta humilde pero esencial brújula: el hombre y la palabra libertad, el verbo y el sujeto en libertad, el hombre y el verbo que nacen y mueren liberándose, porque entienden que lo único importante es la restitución, y saben junto al desdichado Horacio en el memorable Hamlet que: “hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que supone nuestra filosofía”.
Todo hombre es único e intransferible y tan precioso como el sueño que escenifìca, pero solamente el arte lo intuye. Hablamos del hombre en camino, el que busca su espejo en esa zona donde todo es ritual, donde el relámpago al iluminarle lo parte en dos: amor donde están todos los amores, día donde caben todos los días, ficha faltante en el rompecabezas del tiempo, historia que acusa y delata todas las humillaciones. Y el algo, tal vez imperceptible, que el lenguaje común llama esperanza.
Controvertido y polémico, Estocolmo regala una jornada festiva a los últimos obreros del desinterés. Ellos nos dicen que la vida es mucho más y tenemos opción de reinventar sus fronteras. Para que así el amor, la muerte y la agonía vuelvan a significar, para que regresen a su hemisferio sagrado, y podamos existir de otra manera.
Aquí está el futuro, en la palabra de estos hombres cargados de una ardiente paciencia, dispuestos a reinaugurar la vida, sus cantos, sus mapas, sus ciudades...
El arte, puro y rebelde, trapecista en el abismo de tres tiempos, último traductor de todos los matices y dialectos, aúna estas voces de muerte y esperanza para que detrás renazca una esencial colección de puertas. Despertará (según lo soñado por Rimbaud) para restituir tantos siglos de agonía: “hará del amor su casa, de la rebeldía su ley, de la anticipación su tiempo”.
“El poeta no amará la historia, porque su función no es estar con los que la hacen sino con quienes la padecen”, y en último caso será “la mala conciencia de su tiempo”.
Estas once voces “no desprecian nada; se obligan a comprender y no a juzgar”, y si se les pidiera postular una sociedad dirían junto a Nietzsche que ya no reine el juez sino el creador.
A pesar del tiempo que parece distanciarlos, todos ellos supieron que el rito de escribir conjuga de una nueva forma el devenir, que pierde así su amarga densidad y su distancia. Y todos también supieron el dulce camino que existe entre “el dolor de escribir y la alegría de haber escrito, entre el dolor de vivir y el orgullo de haber estado vivo”.
Así vendrá la poesía y tendrá tu rostro. Llegará contra las opresiones, las guerras y los ríos de sangre, y estará cada año en Estocolmo con un nuevo contradictor, una nueva presencia que sabrá que, “ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte”.
Aquí la imaginación tiene su sitio, y estos lúcidos testimonios son obstinadamente un alegato contra aquellos que postulan el crepúsculo del hombre.
Desenterradores, futuro prehistórico, dueños de la luz y del espectáculo del mundo, precursores que reconocen en la belleza no un final sino un puente, ríos obstinados en los que contra toda predicción nos bañaremos perpetuamente, espejos donde queda el verdadero reflejo; estos aliados nos mostrarán el camino donde nada debe ser nombrado, donde ya no hay pausa entre realidad y deseo, y entonces el poeta –Neruda y usted, Quasimodo y usted, Octavio Paz y usted, Walcott y usted–, descubrirá el verdadero tesoro: que la vida sabe a muerte, que el amor y el olvido participan del mismo milagro, que la ceniza ya se presiente en resurreción... y que el polvo acepta ser polvo, pero polvo enamorado.

Discursos Premios Nobel - Tomo 2




Discursos Premios Nobel 2
ISBN 958-97198-2-1
Colección Los Conjurados
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El santo patrón de todos los poetas en el exilio, aquel que visitó por medio de la imaginación sus ciudades y provincias, sigue siendo Dante. ¡Pero cómo se ha multiplicado el número de Florencias! El exilio del poeta es hoy el elemental ejercicio de un hallazgo relativamente reciente, que nos ha enseñado que los detentadores del poder tienen las herramientas necesarias para controlar el lenguaje, y no sólo mediante la censura, sino especialmente alterando el significado de las palabras.
Czeslaw Milosz

La gente considera que la belleza y la luminosidad son cualidades obsoletas e insignificantes. Sin embargo, del proceso interior necesario para acercarse a la forma de un ángel, en mi opinión el más doloroso de todos los procesos, nacen diversas clases de demonios.
Odiseas Elytis

Si encuentras a Buda, mátalo. Si encuentras al guardián de la ley mátalo, y no tendré ni un solo discípulo. En estas dos expresiones, quizás se revele el destino inevitable del arte.
Yasunari Kawabata

El lenguaje nunca puede inmovilizar la esclavitud, el genocidio, la guerra. Ni debería anhelar la arrogancia de ser capaz de hacerlo. Su fuerza, su felicidad está en alcanzar lo inefable.
Toni Morrison

Las miserias y los orgullos que habían jalonado durante siglos la tarea de volverse como dioses había ya enseñado a los hombres una lección mejor: que mediante el esfuerzo y la imaginación podían llegar a ser como hombres. Y no puedo dejar de proclamar, con orgullo, que en esa tarea, por cierto pendiente en una parte bien considerable, la fábula literaria ha resultado ser una herramienta decisiva en todo tiempo y en cualquier circunstancia: un arma capaz de enseñarnos a los hombres por dónde puede seguirse en la carrera sin fin hacia la libertad
Camilo José Cela

La forma del poema es crucial, pues sin ella, no se logra el efecto que siempre es y será el mérito de la poesía: persuadir a esa parte vulnerable de nuestra conciencia de su rectitud, a pesar de la evidencia del espacio errático que la rodea; recordarnos que somos cazadores y recolectores de valores; que nuestras soledades y angustias deben ser respetadas, pues también ellas representan una confirmación de nuestra existencia como seres humanos.
Seamus Heaney

Es tiempo de terminar la era de bandidos y usureros. Estamos en la era de los dirigentes responsables por todo el orbe. ¡Salven a los avasallados de África del Sur! ¡Salven a los famélicos de África! ¡Salven a los palestinos de las balas y las torturas! Aún más, ¡salven a los israelíes de la profanación de su gran legado espiritual! ¡Salven a los endeudados de las rígidas leyes de la economía! Llamen su atención sobre el hecho de que su responsabilidad con la humanidad, debería estar primero que su compromiso con las leyes de una ciencia que tal vez el tiempo ha sobrepasado.
Naguib Mahfouz

Siempre he estado motivado por la intuición. No tengo un sistema literario o político. No tengo principios políticos directos: sin duda por causa de mi ascendencia engañosa. El escritor hindú R.K. Narayan, muerto este año, tampoco tenía ideas políticas. Mucho menos mi padre que escribió sus historias en una época muy sombría, y sin la menor recompensa. Quizás es porque nosotros hemos estado lejos de la autoridad durante muchos siglos y esto nos concede un punto de vista particular. Tengo el sentimiento de que somos más dados a ver el humor y la piedad de las cosas.
V.S. Naipaul

El arte siempre es un buen lugar para esconderse, no para la dinamita, sino para los explosivos intelectuales y las bombas de tiempo sociales. ¿Por qué además habría diferentes índices? Y precisamente en su belleza despreciada y con frecuencia despreciable, y en su falta de transparencia, está el lugar mejor escondido para lo que ocasiona la repentina sacudida o el instantáneo reconocimiento.
Heinrich Böll

Todo tipo de torturadores, dictadores, fanáticos y demagogos en busca del poder por medio de unas consignas de combate a voz en cuello, pueden disfrutar sus trabajos y ejecutar sus labores con fervor inventivo. Bueno, sí, pero ellos saben. Saben y aquello que conocen es suficiente para ellos por siempre. No quieren descubrir nada más, pues esto podría disminuir la fuerza de sus argumentos. Y cualquier conocimiento que no conduzca a nuevas preguntas expira rápidamente: no consigue mantener la temperatura requerida para conservar la vida, y en los casos más extremos (hechos bien conocidos de la historia antigua y moderna), en este punto se plantea una amenaza letal para la sociedad.
Wislawa Szimborska

Sólo voy a decir que creo –no empíricamente, ¡ay!, sino sólo teóricamente–, que para alguien que ha leído mucho a Dickens, dispararle a otro ser en nombre de una idea, es más difícil que para quien no lo ha leído. Y estoy hablando precisamente de leer a Dickens, Sterne, Stendhal, Dostoievsky, Flaubert, Balzac, Melville, Proust, Musil y otros. Es decir, acerca de literatura, no de alfabetismo o de educación. Una persona letrada, educada, sin duda, es totalmente capaz después de tal o cual disertación, o planteamiento político de matar a su igual, e incluso de experimentar, al hacerlo, un rapto de convicción. Lenin era letrado, Stalin era letrado, también lo eran Hitler y Mao Tse Tung, que incluso escribió versos. Lo que todos ellos tenían en común, sin embargo, era que su lista de poderosos era más larga que su lista de lectura.
Joseph Brodsky





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Prólogo - Discursos Nobel 2


Para conjurar el silencio
Por José Chalarca
Los once textos que conforman este segundo volumen de Discursos de los Premios Nobel de Literatura, nos brindan la oportunidad de aproximarnos al misterio de la creación poética y al no menos portentoso fenómeno de poetizar en la segunda mitad del Siglo XX, en que las fuerzas falsamente luminosas de la tecnología y la informática, buscan arteramente la aniquilación de la intimidad, la claudicación de la fantasía, el destierro de la imaginación y la anulación de la sensibilidad.
Cada pieza de esta oratoria que rescata el género de la torva servidumbre que le han impuesto los políticos, está integrada por páginas magistrales en las que los poetas coronados desgarran su entraña, para hacer aflorar las fuentes que nutren su decir o lo que pretende su verbo, o describir las piezas de su engranaje, o su primera causa o su última razón de ser.
Milosz, cuyo discurso da inicio a este volumen, nos dice desde la cabalgadura de un libro de infancia, que la esencia de la poesía es ver y describir. Pero no un ver y describir cualquiera para lo que están las cámaras fotográficas y de video, sino un ver creador con el que el poeta descifra los mensajes que emite lo visto, los interioriza, los elabora y los devuelve en la descripción como nuevos seres maravillosos, construidos con porciones de su corazón y arropados con el manto que ornan las piedras preciosas de su fantasía y el oro generoso de su sensibilidad.
Para Elytis en un mundo donde la economía ha extraviado sus rumbos y convertido a hombres y pueblos en cifras que acrecen hasta el delirio los ingresos de los ricos, la poesía es: el único lugar donde el poder de los números no significa nada.
Kawabata desde la galaxia del budismo Zen y con la evocación de los poetas que le antecedieron, nos muestra los ricos matices de la sensibilidad oriental, de tan difícil acceso para quienes educaron su percepción en los cánones de la estética greco-judío-cristiana.
Toni Morrison nos hace escuchar su voz modulada en los confines de la ínsula penitenciaria de la doble marginalidad que le infringen el sexo y la raza, para decirnos cómo ha colocado el techo de una torre de palabras que habían empezado a construir otros dos grandes poetas negros: Richard Wright y James Baldwin, este último igualmente objeto de doble marginación por su condición homosexual.
En el discurso de Morrison campea un profundo y genuino aliento poético. En un momento luminoso la anciana invidente de la fábula que le da estructura, acicateada por la voluntad de confundirla que esgrimen amenazadoramente sus jóvenes visitantes, elabora la sentencia que le permite salir airosa del paso: El trabajo-de-la-palabra, es sublime porque es generativo, produce el significado que garantiza nuestra discrepancia- la manera en la cual somos como ninguna otra forma de vida.
El texto de Camilo José Cela se apoya confiadamente en el Cratilo de Platón y apunta a develar el papel de la fábula en la aventura del Homo Sapiens sobre la faz de la Tierra, movido por el empeño inútil de ser lo que no es: un dios. Los hombres en la prosecución de este absurdo, han extraviado sus caminos e incurrido en todo género de tropelías y deslumbrados por el fuego fatuo de esta quimera, no han podido percatarse de que los dioses son la negación más aberrante de la condición humana.
Seamus Heaney como Milosz apuntala su disertación para honrar la poesía en paisajes de infancia, en memorias de cuartos y evocaciones de colores, olores y sabores de hogar.
Su vida ha transcurrido en medio del conflicto que enfrentan en su querida Irlanda los católicos y los protestantes, que hasta hace poco inundó de sangre las calles de sus pueblos y vistió de luto a gentes de todas las edades. Ilustra el horror de la violencia desbordada en una escena que no me atrevo a describir para no privar de antemano al lector de su impacto catártico. Ante el hecho de la paz alcanzada Heaney exclama conmovido: A veces es difícil no pensar que la historia instruye lo mismo que un matadero; que Tácito no mentía cuando dijo que la paz es la desolación que queda después de las operaciones decisivas realizadas por un poder inmisericorde.
Naguib Mahfouz que recibió con el premio a su obra el reconocimiento universal a la riquísima e importante literatura en lengua árabe, presta su voz para la que están dispuestos en esa ocasión todos los oídos del mundo, al proscrito hemisferio sur en donde tiene su morada la desesperanza, pero lo hace de rodillas.
Grita que su decir lo respaldan: la civilización imperial del antiguo Egipto y los 1300 años de cultura musulmana; que su voz tiene prestancia y en su buena fe que raya con la ingenuidad, no se da cuenta que la prosapia sin riqueza es más lastimosa y patética que la falta de abolengo connatural a la pobreza.
Con la desprevención del hombre sano que no sabe otra cosa que escribir, ajeno por completo a los turbios intríngulis de la política, le pide a los países ricos que vuelvan sus ojos a los sufrimientos de los seres humanos, aquellos que sobreviven con penuria en el Tercer Mundo. Nadie le hará caso porque los afortunados y los poderosos necesitan de los pobres como espejo que refracte el brillo de su riqueza y de la distancia que los separa para dimensionar las proporciones de su poder.
Naipaul discurre desde el coto cerrado del colonialismo inglés y nos dibuja con trazo firme y rica paleta los contornos de los dos mundos que entraña esa modalidad de existencia geopolítica. Nos dice que todo él está en sus libros y que se ha construido en el tránsito por las tierras que encontró mencionadas en los documentos que investigó, para ubicar sus orígenes.
Brodsky, el poeta cuyo discurso cierra este libro, aprovechó la oportunidad de tener un auditorio universal para exponer un texto luminoso en el que propone a la poesía como la razón de ser del género humano. Escuchémosle: En sentido antropológico, permítanme reiterar, que el ser humano es una criatura estética antes que un ser ético. Por lo tanto, no es que el arte, particularmente la literatura, sea un subproducto del desarrollo de la especie, sino justamente lo contrario. Si lo que nos distingue de los otros miembros del reino animal es el habla, entonces para decirlo francamente, la literatura es el objetivo de nuestra especie, y la poesía, en especial, porque es la forma más alta de la expresión.
Al concluir la lectura de los textos que le dan entidad a este libro, se puede establecer una confluencia de intención y aunque son anteriores a los últimos sucesos que han conmocionado al mundo y generado en los poderosos la urgencia de establecer un nuevo orden el cual, si analizamos los nortes que dirigieron la invasión a Irak, resulta ser el mismo antiquísimo que afirma y justifica su imperio en la razón de la fuerza.
El orden que se desprende de las propuestas de los poetas que se convocan en esta obra, se afirma en la defensa del lenguaje y de su más elevada misión: la poesía. Es impostergable una exhaustiva revisión de la palabra que, tal y como lo expone Böll en su denso discurso, ha extraviado o perdido o prostituido o esclavizado su poder y su capacidad misma de significación.
No se puede permitir que quienes se adelantaron en proponer el nuevo orden con el aplastante argumento de misiles, bombas y metralla, sometan también el imperio soberano del decir a la jerga del inglés comercial que hoy dispone de 500.000 vocablos con los que es imposible significar lo que logró Shakespeare con una lengua que en su momento tenía apenas 20.000 palabras.
Si el lenguaje como lo dijo Heidegger es la casa del ser y los poetas sus guardianes, entonces ellos están en la ineludible obligación de revaluar los contenidos del lenguaje. No pueden dejar que las palabras (libertad y redención) que pervirtieron su significación nos esclavicen. Que felicidad se ofrezca como genérico y se mida con la capacidad de compra. Que dinero y su tenencia sirva a quienes lo poseen en exceso para disfrutar hasta el hartazgo las bondades, los placeres y las prerrogativas reales del presente y para que ellos mismos vendan la idea de que la carencia, en los miles de millones que no lo tienen, les garantiza una vida eterna en un cielo que solo alcanzan con la muerte y de cuya existencia, con ese cúmulo de delicias, nadie ha dado testimonio y ni siquiera la más simple referencia.